junio 15, 2008

Artista:

Idiota con la cabeza llena de pretensiones.

junio 14, 2008

Time (primera parte)

Una de las únicas veces que estuve a punto de morir: Time de los chicos de Pink Floyd sonaba en el auto estéreo. Íbamos sobre la autopista del sol rumbo a playa desconocida. El auto alcanzó la ridícula velocidad de 160kmph (he escuchado decir que otros han logrado los 200kmph) En ese momento digo a los demás que Time es una rola para morir en la carretera (en serio lo dije) Luego no sé por qué (já) tuve una extraña sensación de abandono cósmico (tal vez el mal estado de la carretera (seguro fue eso y no mi tonta idea de un sexto sentido místico) y el horrorosos calor) le pregunté al Rod si había revisado las llantas (nunca se me va a olvidar el gesto de sorpresa en su rostro y el tonito de falsedad infantil de su voz) diez segundos después, no antes ni después (en verdad, diez segundos después, no antes ni después) la llanta delantera del lado del copiloto hizo un gracioso plum o plok y todo se fue a la mierda.

Hay diferentes versiones al respecto los que iban en el otro auto (laGabila, ElCarlos, Yasser y Ale) lo contaron de varias formas distintas. Me gustó mucho la versión de laGabila porque era la más real, los demás sólo fanfarroneamos. Nuestro gran conductor de carreras no dijo nada (en ese momento). Davil iba dormido. Rod, Rod, Rod hace tiempo que no sé nada de él. El coche quedó fruncido y mientras hacíamos malos chistes porque los cuatro habíamos salido vivos el Carlos nos increpaba “Muchachos, no quiero ser un agua fiestas”, “ay, qué quieres Carlos, ¿no ves que estamos muy divertidos?”, “Es que el coche se está quemando”. Y efectivamente, el coche se estaba incendiando. Se quemaba de forma tan jolibudense: lento el motor prendió la cabina y después de miles de años reventó el tanque de gasolina haciendo un estrepitoso, alucinante, endiablado y grandioso pum que terminó por quemar las cosas de Rod, nuestras compras y nuestras botellas y la gloriosa botella de JB que venía con un botellín de regalo de nuestro querido conductor de carreras.

junio 08, 2008

Primer año del blog (y se me olvida)

El 2 de junio cumplió un año esta bitácora y lo olvidé.
De todas formas no habría sabido qué hacer para celebrarlo.
Un poco porque escribo cosas “mierdosas” que luego tengo ganas de borrar por pena.
Otro tanto porque tengo muchos lectores de esos que googlelean o que han llegado a mi ventana de musiteka, reinzidencia o del blog de mi querida Biquie, que tan amablemente me han linkeado. Ya saben, de esas visitas que se registran en el contador pero que duran cero segundos.
Justo el otro día hablaba con señorita Biquie acerca de algunos inconvenientes que genera un Blog y se me ocurrieron muchos más.

1. No saber de qué hablar.
2. El hastío cuando ya no quieres postear.
3. El hecho de que nadie te comente a menos que tú lo hagas.
4. De lo aburrido, cursi, malo (escribiendo) o ridículo que puedes llegar a ser (por eso nadie comenta supongo)
5. De lo punzante que puede ser la pena y la idea de borrar algo que escribiste y la lucha mental entre hacerlo y no hacerlo porque ya se ha dicho (hasta ahora no he borrado nada, corregido un par de veces)
6. Que en función de todo lo anterior halla días en los que la resaca, el mal tiempo, o las continuas afectaciones psicológicas propias de cualquier citadino, te hagan pensar en mandarlo todo al carajo y borrar el blog de una vez y para siempre.

Otro asunto es las formas tan extrañas o patéticas por las que un visitante llega al blog. Me pregunto qué estaría pensando el energúmeno que llegó a mi blog escribiendo en google: “Videos de mujeres que las duermen para cacharlas”. Y qué relación hay entre alguno de mis post y esa tan sabia y emotiva búsqueda. Otro hubo que escribió: “las pendejadas del Cachi”. ¿Bueno qué puedo decir ante eso? Ni sé quien es el Cachi ni sé el por qué de sus pendejadas. Y cómo ejemplos tengo muchos. Creo que haré una sección que llamaré búsquedas estúpidas o algo así. Aunque también hubo quién llegó escribiendo cosas como “Mujeres bonitas” o “días lluviosos”. Aunque la relación es muy simple, una frase aislada y perdida o a veces una sola palabra. Así es esto.

También alguien me preguntó que porque era tan barbaján con todo lo que decía a veces y además que por qué no publicaba post con cosas que escribía enserio (carajo) “cómo enserio” le pregunté y me dijo, pues sí, cuentos, poesía y tal; yo sólo le dije que me daría flojera hacerlo y ya, aunque lo hice un par de veces y espero no volver a hacerlo.
Pues eso, que tengo un año con este montón de letras colgando de la espalda, suerte de diario indiscreto (qué lugar común me acabo de aventar) y aún hay algunas cosas que me han causado satisfacción. Entre ellas las pocas personas que he conocido por este medio. Todas geniales en algún sentido. La verdad es que soy un misántropo de mierda, a veces medio estúpido, y como tal detesto a la mayoría de las personas. Francamente también he llegado a criticar duramente los post de algunos de mis amigos bloggeros, pero también he admirado, reído o llorado con otros.

Curiosamente este blog empezó porque mi amiga Zita me convenció de hacerlo, y primero era como una suerte de charla con ella, pero eso no duró mucho porque ella jamás me siguió la corriente.
Esta Ventana sobre la Memoria (idea que le fusilé a Eduardo Galeano) me ha dejado ver a otros y que otros me miren. Y no sé a dónde vaya a dar pero de momento creo que voy a seguir mirando a través de ella.

junio 02, 2008

Charla entre amigos

El teléfono. Es Davil. Me monto a la bici y subo las laderas del pueblo. El aire huele divinamente a estiércol de vaca. La chamarra militar arremangada, el tirador del cierre me lastima el cuello. Llego a su casa, Davil me recibe con un abrazo. Un güisqui de 12 años deliciosocomopocascosasenestavida.

Hablamos de teatro, bueno, habla, yo escucho el exordio a lo que después será la siempre eterna charla de mujeres. Cómo es la búsqueda, ellas nos buscan o sólo van al encuentro. Me habla de Brenda y añoro las tierras del norte, la sonrisa blanquísima, la voz chípil, el chispeante “¿Sabes?”. Yo digo que ayer participé en una función de Box y terminé apaleado. Las mujeres son buenas en eso pero no quiero hablar de mi tristeza.

En algún momento todo vira a nuestros años juntos. Davil dice que todo marcha a pedir de boca, los tiempos son duros, pero las piernas son fuertes y el corazón ansioso. Yo digo que fracasé y escapé de todo y que al final caí en un lugar donde no puedo fallar sencillamente porque sería imposible, que el destino es cruel pero bueno al fin y al cabo. Tal vez DiOs existe. Los dos concordamos que eso no se sabrá sino hasta el final. Davil me cuenta la historia de una actriz que salió de Vietnam en bicicleta, pasó por muchos países con conflictos armados y aún con todo llegó así hasta París. Ella quería suicidarse, el hecho de que no sufriera daño alguno para ella fue una señal. Y uno aquí mordiéndose los labios porque el sol quema y las ganas de jambarse el mundo son menos cada vez.

El aire es tibio, un cigarro y otro, más güisqui, luego tinto y terminamos con cervezas. También hablamos de nuestros viejos conocidos, de los amores pasados, de la terca y tonta virtud de saber esperar que el tiempo lo cure todo y que, mientras tanto, los nudos viscerales sirvan para construir cosas.

Sigue esa chispa de la primera charla, sigue ese gesto entre la sonrisa y la ternura en su rostro, aún batallo para descifrar la dureza de los gestos en determinados tópicos: la soledad entre ellos. Aún veo cómo le cuesta entender mi estúpida y suicida convicción por el abandono. Aún nos amamos como la primera vez.

Pienso en la pelea por una tontería que terminó con un vecino apuntándonos con una escopeta, las escapadas de la policía de las que una terminó en el magisterio público durmiendo en el cemento en pleno invierno, en los viajes con la mochila al hombro, las pedas, las caminatas, la mujer que compartimos, el odio mutuo los días de hastío, la terquead de no querer irnos de las fiestas a las que nos colábamos aunque nos corrieran. Las horas en silencio donde nos olvidamos de que estábamos el uno con el otro.

Ahora es distinto. Ya no compartimos proyectos ni horarios ni lugares ni amigos. Pero de pronto eso sólo hace más importantes los encuentros, más joviales, menos pretenciosos, más esperados.

Si él fuera mujer seguramente me le habría enamorado.

Nos despedimos y el abrazo es igual de fuerte y dulce y honesto que la primera vez. Monto la bici y bajo las calles de laderas empinadas sin tener que pedalear, el viento me abotarga el sabor de la cerveza en la garganta. El sol ya se asoma por el lado del lago, los coches ronronean calles abajo. He desarremangado la chamarra y traigo en el pecho esa sensación de que todo estará bien mientras tenga a personas como Davil cerca.

Algo me queda claro: el pesimismo no me lleva a ninguna parte y mis huesos se hacen frágiles y quiero dejar de lastimarlos, quiero que también sepan como se siente la dicha.

Buenos días mundo... hoy te adoro.

mayo 24, 2008

Ya no

Ya no soy el ventarrón azul de la pubertad, descalzo los días de lluvia o suicida sobre los muros de contención del periférico, ni vocifero a ninguna mujer que la amo a media noche frente a su ventana. Ya no azuzo a los policías para después huir a todo correr, ni grito en los conciertos públicos que estoy ebrio y que vengan a detenerme. Ya no salgo en la madrugada a caminar sin rumbo hasta que el cansancio le gana a la melancolía, ya no golpeo la pared con la frente hasta que me sangra, ya no pienso en matarme (a veces) ya no. No soy la calma roja de los dieciséis cuando me creía el mejor poeta del mundo. Ya no busco el amor como perrito faldero pero sigo amando, ya no escucho voces, ya no voy a manifestaciones ni participo en huelgas ni admiro a nadie. Ya no me fumo los cigarros de dos chupadas ni me juego el dinero a las vencidas ni tengo el cabello largo ni le subo a la música como si quisiera que todo el vecindario la escuchara. Ya no paso semanas sin bañarme para que nadie se me acerque, ni me meto el dedo en la nariz o en narices ajenas o eructo cuando quiero que alguien deje de fastidiarme. Ya no duermo en el techo sólo para flagelarme ni veo las nubes por rencor sino por dulce posibilidad. Ya no soy el ventarrón verde todo poderoso de mis primeros años. Ya no siento pena por mi ni por nadie. Ya NO.


Ahora sólo soy yo, soy yo y me gusto mucho más.


mayo 21, 2008

La gran victoria del Manchester sobre el Chelsea

Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia. Ciento veinte gloriosos minutos de un ir y venir lleno de golpes y barridas, arriesgar el físico, respetar la alineación defensiva y ofensiva, el papelito pues, se sabe que ninguna guerra se gana sin una buena estrategia. Luego la “fusilada” (todo tiene que hacer alusión a la guerra) y el que parecía ser un final épico, en manos del capitán, que al modo de Héctor había repelido al Manchester hasta las naves en la playa, se dispone, respira, la lluvia en su frente y falla, termina en una triste exhalación, que en un segundo, hace pasar a un hombre de la furia y arrojo totales a la frustración inconcebible.

Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia. En algún momento la gran copa orejona pasa por todas las manos y, se dice, la copa irá a hacer guardia allá a donde murieron aquellos jugadores años atrás. El himno a la alegría suena en los altavoces del estadio, supongo que a Mozart eso le habría disgustado, pero sólo peco de puritano, es más, creo que estaría agradecido de participar en tan noble e importante victoria. Las barras y los asistentes vitorean, el paroxismo, miles de bocas celebran, fiesta y fiesta, fiesta. Victoria.

Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia. El día D y los millares de cadáveres que enrojecen la arena y la espuma del mar por unos miserables metros de playa. Las adelas con el fusil en la espalda, agarradas al caballo de sus maridos, tomar los orines, ser putas y madres y criadas y soldaderas, todo en uno, qué glorioso. Los niños de Bolívar con el cuchillo en la boca, esperando, aguantando el último instante para luego caer sobre los boinas verdes en mitad de la selva, sin otro vitor que el de la jungla movida por el viento ni otro premio más que la posibilidad de aferrarse a la vida un día más.

Lástima que no halla cámaras de alta definición transmitiendo en tiempo real, con grandes campañas publicitarias, sería hermoso ver cómo es que un muchachito se encarama bajo las orugas de un blindado en las desolaciones del desierto, para hacerlo volar, pero, oh, el soldadito lo ha visto, saca por la escotilla la M4 y dispara, falla, el niño trata de cubrirse, el del fusil recompone la mira, dispara y ohhhhh, aciertaaaa señores. Diez y seis ángulos, repetición patrocinada por una marca de pistolas automáticas, la carne abierta, sanguinolenta, el rostro adolorido, la imagen da la vuelta al mundo en menos de un segundo. La gente histérica llora la derrota del niño. El soldadito malo festeja su victoria y se prepara a seguir en el juego. Tal vez las hinchadas salgan a destrozar la ciudad, coléricas, llenas de frustración porque han matado a su pequeño jugador. Duelo nacional, tres minutos de silencio, entierro de héroe para alguien que ganaba millones al año en publicidad y portaba la camiseta con tanto amor. Porque escúchenme, soy capaz de agarrarme a trompadas con cualquiera por la camiseta de mi equipo, no hay nada que valga más la pena y que nadie se atreva a contrariarme.

Hoy todos estábamos con el Chelsea, no cabe duda. Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia y también me dan ganas de llorar y no sé por qué, los soldaditos malos y los pequeño muchachitos están en otra parte y supongo que no le importan a nadie, pues no hay cámaras de alta definición, ni millares de hinchas, ni patrocinadores multimillonarios apoyándolos, así que para qué llorar.

mayo 20, 2008

Reunión de poetas

Conocí a muchos poetas, la mayoría de ellos con hermosas opiniones sobre la poesía.

Cada día estoy más convencido de lo complejo que es asir estos conceptos sobre las personas, las cosas y los hechos. Un beso no es un beso, es un dulce y los dulces no son montones de azúcar sino los besos de algo o de alguien, las nubes no son nubes porque son de algodón y el algodón es a veces de un blanco imposible, como las nubes. Ejemplos a la eternidad.

Pero prefería ver a lAs poetas que además tenían buenas piernas, andaban de un lado a otro con esos pasitos de me voy a caer pero no te atrevas a ayudarme porque soy la cosa más celestial en esta sala. Ya saben, de esas que si tropiezan y no las ayudas piensan que eres un pendejo descortés y que cuando te atreves a extenderles el brazo piensan que eres un pendejo que se las quiere coger. En general prefiero sólo verles las piernas y escuchar a los poetas.

El poeta es divino, levanta el pecho y se desgaja en partículas tan etéreas que se vuelven sublimes, la gente se queda medio anonadada porque no tiene ni pitos idea de lo que el poeta dijo (yo tampoco) pero la gente aplaude y loa y esteriza hasta que viene la cosa de brindar (yo también, especialmente para decir salud) El poeta se siente orgulloso porque ha tocado el corazón de sus oyentes, y las preguntas son hechas con tonos e interjecciones de respeto, “¿Qué quiso usted decir con tal o cual imagen y la metáfora tal, el ritmo no sé qué?” y las respuestas son magistrales, únicas en su genialidad, “No estoy seguro, la esencia de lo poético es un ente tan elevado, tan alejado de todo modo de discernimiento... no así la estructura, el elemento poético, bla, de la musicalidad, bla, (en este punto ya quería bostezar) acerca de la necesidad de una coma y qué se creen los concretistas, bla, pero... usted que entendió, ya sabe que Paz, bla”.

El vino es muy malo y se termina pronto y yo mejor me voy.

Amo a los poetas.

 
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