Mostrando entradas con la etiqueta Hoy no ando de solemne y que bueno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hoy no ando de solemne y que bueno. Mostrar todas las entradas

agosto 14, 2008

A una nariz

Siempre estoy al filo, a un paso, a una maldita nariz de llegar a alguna parte, lo interesante es que no sé a dónde. Supongo que a todo el mundo le pasa lo mismo todo el tiempo. Esa sensación con la que uno se levanta y cree que ese día es el día de días. Luego resulta que alguien se comió el pescado que guardaste para el desayuno, que hace un calor endemoniado y que a la bici se le revienta la cadena justo a la mitad del trayecto y que comienza a llover, o que la hermosa y genial mujer con la que te quieres ir a tomar un café o a dar una vuelta por ahí se agripó. Bla.

¿O será que traigo eso de las olimpiadas muy a flor de piel y le quiero ver la medida y el tiempo a todo?

Por lo menos dejé en paz a la de M e I, dejé un poco la actitud de “¡Sí venga mundo ¿es lo mejor que tienes?!” O “¡Fuerte, cabrón destino, ¿ese es tu mejor golpe?!”

Estos días he releído la mayor parte de mis post y llego a la conclusión de que soy un pinche azotado cursi y llorón. La verdad espero, también, que nunca se me quite.

Platicaba con una viejaymuymásquerida amiga sobre esta ansiedad que me provoca el blog porque ya no se que jotas escribir. Espero que sea temporal, porque la verdad, aunque nadie me lea (luego, luego el chantaje emocional), estoy encariñado con mi pequeña ventanita. Luego le pregunté sobre qué escribir o no escribir y me dijo que dejara mis malos hábitos. A qué te refieres, pregunté. Pues sí, comenta (casi como regañándome), ese post de cosas que no se dicen, no lo digas. Me dejó rumiando un buen rato, a mí también me crispa haber dicho tanta tarugada, pero es verdad que alguna vez lo pensé y pos a lo dicho pecho, ni hablar (todavía pienso así de vez en cuando)

A eso viene lo de estar a un paso de llegar a cualquier lado. Quiero dejar el blog, quiero subir el volcán pero se me revienta la cadena, quiero tener una buena vida pero en los últimos veinte metros me reviento y alguien o algo más me gana.

Tendré que seguir entrenando.

julio 07, 2008

Abrazos

Llegué con yuni y Raquel después de perdernos (como siempre) Cuando llego a un reven lo primero que hago es buscar a las chicas con la mirada. Ayer me di cuenta. Luego las cervezas (ayer hasta les tomé foto (es que estaban atiborradas en una fuente) La música era del Hotel Costes y Café del Mar. Detesto la música de elevador en las fiestas pero el diyei se emocionaba y hacía un pasito casi como de tap, puedo jurarlo. Era el cumple de un amigo muymásretequerido, su cumple número 53 y sin embargo mi amigo muymásretequerido parece como de 18. Yo quiero mucho a mi amigo muymasretequerido y no lo digo por eso, pero es el adulto más genial que he conocido.

Saludé a gente que tenía años de no ver y me puse contento por eso (me doy cuenta que cada vez soy más soso, supongo que esos detalles no le importan a nadie (já) creo que ni mi anécdota) El caso es que la noche iba bien. Por ahí andaba el Mastuerzo y como es medio conocido todo mundo se quería tomar fotos con él y pos él se dejaba pero se le notaba el fastidio, carajo, me gustaría ser medio famoso para poner esa cara de hastío y luego ir a darme un toque con una veinteañera. Horas después desapareció llevándose una banda (sí de músicos) de borrachines en su súperguacamovil. Mi hermana entre ellos. Pero vuelvo al principio. Omar llegó con su novia. Una de esas morenas de corte indeciso con las líneas exageradamente simétricas y con ese andar pesado y la mirada furtiva que tienen las panteras al caminar (tanto choro para decir que estaba hermosísima) después de una botella de Jacky y muchas chelas terminé charlando con ella y me contó la historia de su vida (digo que ya hasta que estaba ebrio porque usualmente soy muy respetuoso de las relaciones interhumanas (uy)). Lo digo porque era una historia muy trágica y ella la contaba con tanta naturalidad que me sorprendió el tesón y el carácter que tenía. Omar se puso medio celoso y se acercó a ver por qué no soltaba a su linda acompañante, y cuando se cercioró de que no estaba intentando nada peligroso se marchó. Luego el primo de Yuni llegó a importunarme con comentarios intelectuales y argumentos filosóficos bien rudos (ajúa me gusta toparme con gente así en las pedas, me hacen la noche) y es que el tío quería bajarme la compañía, supongo que no sabía que era la novia de Omar y terminé peleando con él, pero el tipo era tan pesado que hubo un momento en el que simplemente lo mandé al carajo (tenia ganas de jalarle las rastas) y, si no es por que mi amigo muymasretequerido llega, el tipo casi me golpea. Eso me hubiera gustado mucho porque, en el acto, una bola de amigos casi se le va encima y ni las manos hubiera tenido yo que meter. Me recuerdo diciéndole a mi amigo muymásretequerido: (tonito de niño regañado) pero si él empezó.

Carajo.

Bailé salsa con Raquel y yo no sé bailar salsa. Me gustan esas personas que bailan y sonríen como si realmente lo disfrutaran, así es Raquel, la verdad para mí bailar es una tortura, especialmente la salsa, pero dicen, los que saben, y deben saberlo muy bien, que los que bailan bien salsa son buenos amantes. Carajo y más carajo, yo debo ser terrible. Al final para mi el amor siempre ha sido una tortura.

Yuni me decía cosas y yo tenía ganas de besarla (bueno, le di un besito de pececito) pero pos tiene a su barbi veinteañero y sólo somos amigos. Supongo que la ebriedad pone así a medio mundo (los hombres, mmm) No sé en qué momento terminé persiguiendo a un perro que estaba tan harto de mí que me huía hasta el punto en que al final se dio la vuelta y amenazó con morderme (casi lo podía escuchar decir: deja de joderrrrrme borrrrracho.

(Ya me dio flojera terminar la anécdota) Salí de ahí con Davil cuando el sol ya se estaba estirando.

Desperté a las tres de la tarde todavía ebrio y con unas ganas locas de romperme la cabeza contra la pared. Luego vi a Yuni a Raquel y a Davil e hicimos planes hermosos que seguramente nunca se realizarán. Lo cuento, aunque a nadie le importe porque hoy es uno de esos días en los que me siento tan solo como si fuera el único ser viviente en el cosmos. Necesitaba un abrazo (soy un pinche cursi) Y Davil y Yuni saben muy bien hacer eso. Ya tengo sueño. Adiós.

mayo 21, 2008

La gran victoria del Manchester sobre el Chelsea

Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia. Ciento veinte gloriosos minutos de un ir y venir lleno de golpes y barridas, arriesgar el físico, respetar la alineación defensiva y ofensiva, el papelito pues, se sabe que ninguna guerra se gana sin una buena estrategia. Luego la “fusilada” (todo tiene que hacer alusión a la guerra) y el que parecía ser un final épico, en manos del capitán, que al modo de Héctor había repelido al Manchester hasta las naves en la playa, se dispone, respira, la lluvia en su frente y falla, termina en una triste exhalación, que en un segundo, hace pasar a un hombre de la furia y arrojo totales a la frustración inconcebible.

Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia. En algún momento la gran copa orejona pasa por todas las manos y, se dice, la copa irá a hacer guardia allá a donde murieron aquellos jugadores años atrás. El himno a la alegría suena en los altavoces del estadio, supongo que a Mozart eso le habría disgustado, pero sólo peco de puritano, es más, creo que estaría agradecido de participar en tan noble e importante victoria. Las barras y los asistentes vitorean, el paroxismo, miles de bocas celebran, fiesta y fiesta, fiesta. Victoria.

Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia. El día D y los millares de cadáveres que enrojecen la arena y la espuma del mar por unos miserables metros de playa. Las adelas con el fusil en la espalda, agarradas al caballo de sus maridos, tomar los orines, ser putas y madres y criadas y soldaderas, todo en uno, qué glorioso. Los niños de Bolívar con el cuchillo en la boca, esperando, aguantando el último instante para luego caer sobre los boinas verdes en mitad de la selva, sin otro vitor que el de la jungla movida por el viento ni otro premio más que la posibilidad de aferrarse a la vida un día más.

Lástima que no halla cámaras de alta definición transmitiendo en tiempo real, con grandes campañas publicitarias, sería hermoso ver cómo es que un muchachito se encarama bajo las orugas de un blindado en las desolaciones del desierto, para hacerlo volar, pero, oh, el soldadito lo ha visto, saca por la escotilla la M4 y dispara, falla, el niño trata de cubrirse, el del fusil recompone la mira, dispara y ohhhhh, aciertaaaa señores. Diez y seis ángulos, repetición patrocinada por una marca de pistolas automáticas, la carne abierta, sanguinolenta, el rostro adolorido, la imagen da la vuelta al mundo en menos de un segundo. La gente histérica llora la derrota del niño. El soldadito malo festeja su victoria y se prepara a seguir en el juego. Tal vez las hinchadas salgan a destrozar la ciudad, coléricas, llenas de frustración porque han matado a su pequeño jugador. Duelo nacional, tres minutos de silencio, entierro de héroe para alguien que ganaba millones al año en publicidad y portaba la camiseta con tanto amor. Porque escúchenme, soy capaz de agarrarme a trompadas con cualquiera por la camiseta de mi equipo, no hay nada que valga más la pena y que nadie se atreva a contrariarme.

Hoy todos estábamos con el Chelsea, no cabe duda. Veo la figura de Ronaldo bocabajo llorando bajo la lluvia y también me dan ganas de llorar y no sé por qué, los soldaditos malos y los pequeño muchachitos están en otra parte y supongo que no le importan a nadie, pues no hay cámaras de alta definición, ni millares de hinchas, ni patrocinadores multimillonarios apoyándolos, así que para qué llorar.

abril 18, 2008

Cuestionario Proust

Gracias Luci

1.- ¿Cuál es el defecto propio que deplora más?
El fatalismo.
2.- ¿Cuál es el defecto que usted deplora más en otros?
El optimismo.
3.- ¿Cuál es su estado mental más común?
No sé.
4.- ¿Cómo le gustaría morir?
Carajo, no sé.
5.- Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿Convertido en qué persona o cosa usted regresaría?
Un tipo sin emociones, tal vez un asesino serial; aunque preferiría no volver.
6.- Y si pudiera elegir un personaje de ficción, ¿Cuál escogería?
Atreyu, aunque es un sentimental de mierda. Tal vez Filiberto García, especialmente por la cicatriz, aunque tal vez escogería ser el escudero de Héctor.
7.- ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Querer tener en mis manos la lanza que mató a Jesús o la espada con la que Alejandro cortó el nudo gordiano. Pero esas son eCstravagacias soñadas.
8.- ¿En qué ocasiones miente?
Todo el tiempo, especialmente cuando digo que no lo hago. Pero eso suena muy pretencioso, y en eso también miento.
9.- ¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
¿Viva? Puta… Podría decir que al bobo que veo todas las mañanas en el espejo pero recordé que en general siento desprecio por toda la humanidad.
10.- ¿A qué persona viva admira?
Je, je, y más je.
11.- ¿Qué palabras o frases usa más?
Diantre. NO, ajá, carajo, SI, NO, NO, Es una mierda, mujer, hombre, ya sé, no sé, siempre tengo razón, nunca tengo razón. Míralo, déjame en paz. NO, NO. Ay (suspiro)
12.- ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
Leer poesía con una botella de Jack Daniels en una cabaña junto a un lago en invierno con la mujer que más odio.
13.- ¿Cuál es su mayor miedo?
El fracaso.
14.- ¿Cuál es su mayor remordimiento?
¿Estar vivo no es suficiente?
15.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?
Ya no hay virtudes.
16.- ¿Qué le disgusta más de su apariencia?
Nada, soy como Brat Pitt. En serio. Ser tan expresivo que a veces no pueda ocultar lo que pienso o siento.
17.- ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Mhmhm.
18.- ¿Qué talento desearía tener?
Ser un buen escritor.
19.- ¿Qué le desagrada más?
La gente que cree en algo. Que digan mucho sin decir nada, las mujeres bonitas que se creen bonitas, los hombres que son muy hombres, la gente que se cree buena, la gente que se cree mala, la gente que critica a la gente que se cree mala (gulp), la gente que critica a la gente que critica a la gente. La gente que detesta todo (y más gulp)
20.- ¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
Una mañana en el llano frente al rancho de mi abuelo. Tenía siete años.
21.- Si pudiera, ¿Qué cambiaría de su familia?
Me gustaría que mis padres dejaran de ser niños.
22.- ¿Cuál es su mayor logro?
¿Logros? No funciono de ese modo.
23.- ¿Cuál es su posesión más atesorada?
No tengo nada de valor y me da flojera decir que alguna virtud o cosa espiritual (¡aaagh!)
24.- ¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?
La existencia de la humanidad.
23.- ¿Dónde desearía vivir?
En una cabaña frente a un lago y el invierno eterno sobre mis hombros.
24.- ¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Hacer el amor pero no lo puedo hacer todo el tiempo, charlar naderías con vino, bañarme, imaginar que mis amigos y yo somos la banda que toca la canción que escucho. Llorar como idiota viendo una tonta peli de amor.
25.- ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en una mujer?
La risa loca, el llanto fácil, la charla, las decisiones vertiginosas, la forma de comer o caminar.
26.- ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en un hombre?
La risa loca, el llanto fácil, la charla, las decisiones vertiginosas y la capacidad de romperse la cara por una mujer.
27.- ¿Cuál es su héroe de ficción favorito?
Bartleby, ese tío tiene los secretos del universo pero no los quiere decir. Héctor, aunque me duela. Ay Héctor, todavía te lloro. Ay, ay y más ay.
28.- ¿Cuáles son sus héroes de la vida real?
Já.

abril 07, 2008

¡A LA VERGA CON LAS CHINGADAS PUTAS "MALAS" PALABRAS!

(y si... me gustan los colores estridentes ¿y?)




febrero 10, 2008

Algo pasguato (me gusta esa palabra)

Hoy, camino al trabajo, me pasé de largo cinco largas calurosas y espaciadas estaciones del metro. Salí, subí las escaleras tarareando una canción de Belanova y me dispuse, en el andén contrario, a esperar al convoy que me hiciera desandar el camino. El susodicho tardó unos quince minutos, que, en tiempos citadinos, son una eternidad, para cuando el convoy asomó su rostro cuadrado y de anteojitos ámbar, ya cantaba yo casi en voz alta una rolita de Tom Waits, lo cual se me hizo a lo sumo ridículo porque no sé ni jota de inglés, “guait, aim a for luquin yuuuu”, mascaba entre dientes tratando de emular la voz aguardentosa y áspera de don Waits, carajo, no sé que me pasa…


Creo que estoy enamorado.


Se me olvidan las palabras pretenciosas y grandilocuentes y me olvido de… ¿de qué estaba yo hablando? Ya se me olvidó.

septiembre 16, 2007

El caso es que al final se fueron a casa juntos y yo ya debía sentirme afortunado de que no me soltara una cachetada y el Tavo me golpeara

Odio que las personas lleguen tarde, a veces yo soy impuntual pero detesto que las personas lleguen tarde, que alguien llegue tarde es un tan odioso como tener que leer que una persona odia que las personas llegan tarde, pero no sabes que odias más, si el hecho de que también detestas a las personas que llegan tarde, que detestas a los que detestan a las personas que llegan tarde, o que cuando te lo hagan saber ya es tarde para dejar de leerlo y eso también es detestable. Tarde.

T A R D E (y no es título)

Bueno, el punto es que ayer Paty me hizo esperar cuarenta y cinco minutos y decidí largarme al reven sin ella. Luego, ya estando yo en la fiesta, tuvo la genial puntada de decirle a la Yuni que me hablara por teléfono. Tartamudeé cuando noté que era Yuni. Para reclamarme que yo había quedado de pasar por Paty. Recurso que ya le conozco a Paty, tiré la mitad de una cuba sobre la mesa. “tú ¿vas a venir?”, digo. Que sí, que ahora fuese por ella y Paty: “Lo voy a pensar” le dije a Yuni. En ese momento los comensales cercanos me miraban gozosos y risueños. Dijo adiós con ese sonsonete infantil que usaba siempre; entonces imagine, ay, los ojitos entrecerrados, ay, el rostro de ladito, ay, el mechón de cabello sobre la ceja y, ay y ay, el hoyuelo de la mejilla. Ay. Cuando colgué tenía ganas de asesinar a Patricia y como la verdad es que ya me controlo con las demandas de la Yuni pues seguí en lo mío. Ya se sabe, uno asimila el veneno con facilidad después de múltiples dosis. Nadie dijo nada, ya saben que cuando me pongo idiota es por ella y saben que nadie debe decir nada so pena de querer pelear, lo saben, un buen rato conmigo y pues que flojera, igual yo no estaba para eso, lo sé.

Llegaron un par de tipos en moto con unas chicas bien bonitas. En ese momento John tarareaba una canción de Lupillo Rivera, Leti lo miraba anonadada, es que John odia a muerte la música mexicana “¿Qué? mi vida, es que hoy es quince”, le dice a Leti. Los jinetes se apean, varios no podemos evitar ese morboso gesto masculino de mirar mientras las chicas desmontan de las motos. Alguien brinda. Parece que fuimos diseñados para escudriñar, es bien curioso, es como un imán. “Salud, camarada”, digo. A veces es tan compulsivo, poderoso infranqueable. Prendo un cigarro. El deseo de mirar, bueno, no es que uno sea un degenerado, bueno a veces, sí, bueno, bu,e,no, “Va a venir Yuni, yupi, yupi”. Pero uno debería poder mirar las cosas a gusto, eso digo yo. Que también las chicas son finas para eso, y es genial cacharlas en plena mirada braguetera. “Yupi, yupi”. Y hasta alguna -me tocó notar- que salivó. Fumo y fumo. Los ojotes que peló, Lo juro. “Salud otra vez”. Pero hubo una mejor, que hasta me desternillé de la risa. Tomo y tomo. La chica en cuestión, después de mirar, se mordió -con lascivia- (que chula palabra) el labio inferior, allí, junto a la comisura. (Hoy estoy cayendo muy bajo, pero me vale, al fin que nadie me lee) Al darse cuenta que yo me di cuenta, me dijo: has de cuenta que no viste y pues ni en cuenta. “Salud chingao”

En fin que lo de siempre y ya estoy cansado y no hay nada de nuevo y como dice Guillermo Vega y Bartleby: ya todo lo escribieron los griegos. “Hic” Pues hice lo de siempre y pues me puse hasta el carajo. “Hiuc”. Con todo lo que me pusieron enfrente. No soy dado a respetar ese convenio que todo alcohólico. “Hic”. Hace: jamás tomes varios tipos de bebida en una misma peda, eso es malísimo al día siguiente (aun lo resiento) A mi me vale madres. Anoche pasé por una variedad bien variada, ¿si me explico? Y bueno, lo bueno es que me dopé con metadoxina que es buenísima para paliar los efectos de la borrachera y bueno y según al otro día no te da resaca, bueno. Pues amanecí resacoso, malo, y eso que me tome dos pastillas, muy malo, eso me asusta, malísimo. Soy un borracho borrachisimo, ¿sí me explico? Bla. “Hic”.

Un amigo ligó con una chica muy bonita, Diana se llama. “No, camarada, hic, ya no tengo cigarros”, me palpo la bolsa y ahí están. Diana tiene el cabello más lacio que haya visto. No sé en qué momento se abrazaron, llegué por detrás de mi amigo y le plante un beso en la boca a Diana, él ni se dio cuenta, (neta, neta, no es choro) pensé que Diana se enojaría porque, excepto por los holas y las sonrisas de comentarios mutuos, éramos completamente desconocidos, pero no, eso le cayó de mucha gracia y al rato platicamos mucho, con el consabido juego de miradas molestas de Tavo. Diablos, adoro, amo, idolatro, me derrito, muero, mato (suena a mal poema de Girondo (el mío, no Girondo (bueno, a veces también Girondo) que conste en actas) pero ya qué) y resucito por ese par de gloriosos hoyuelitos que las chicas tienen entre la cadera y la espalda. “-Que no tengo cigarros- digo. -Ya te vi la caja- dice y le digo, ¿qué le dije? Le dije: bueno, no quiero darte”, me hace cosquillas y le doy. Pues Diana tenía unos bellísimos. El caso es que al final se fueron a casa juntos y yo ya debía sentirme afortunado de que no me soltara una cachetada y el Tavo me golpeara. Snif. “-¿Sí?, digo. -¿Vas a venir por nosotras o no? (¿suspiráis princesa?, sí me piro) Si, hic, claro, Yu. –Pues apúrate. –Ya, hic, voy hic, yu, hic”. Nunca fui.

Ahora pienso y repienso, bueno, no tanto, ¿por qué no fuistes pedazo de animal? Ya van cerrando los tonos luminosos por el poniente. Galileo se empanturra (esta también está rechula) sobre las escaleras y se tapa los ojos con las patas. Me estoy quedando sin palabras ni ánimos. Recuerdo a la inconmensurable de Olivia. Dejar la viveza sobre el dorso hundido, con el coraje de la última vez y el tic, toc, de su pecho por la espalda. No reparo en el recuento de daños. Adoro a las mujeres con todo ese pantano de ñoñerías que traen bajo el seno izquierdo, con toda esa sublimidad que a veces guardan bajo los cabellos, con todo esa escatológica turbulencia, viscosa, líquida, que hay entre sus piernas (MMM qué rico). Yuni. Mis pasos van sobre las huellas de todos los hombres. Así es vivir. Y no sé a dónde van las huellas de todos los hombre, tampoco creo que todos los hombres hayan pensado con mucha mesura a dónde ponian las patas para dejar esas huellas. Ya me cansé. Fin.

ODIO A LOS IMPUNTUALES.

septiembre 07, 2007

Y Yuni no salió

Pasa que alguien oprime un interruptor sin saberlo, pasa que una imagen viene a la cabeza, pasa que esa imagen trae consigo otra y juntas son los recuerdos (qué trillado) Entonces me veo frente a la casa de Yuni con una pinche guitarra desafinada, hiposo y mal parado cantando tontas canciones de amor. Pero Yuni no sale.

Y son las once de la noche, y John me invita una cerveza y llega Geovas, y al rato aparece Tavo y Oscar. Y debo llegar a hacer trabajo. Y no sé cómo vamos por la carretera escuchando a Bach seguido de Juanga, luego Caruso seguido de la Durcal. Eso sí es música chingao. Y serenata a la novia del john, el padre de Leti nos corre entre maldiciones. De alguna parte salió Daniel con una moto y un jardín bastante acogedor. Ya vamos con José Alfredo y Karl Orff. Nos detenemos frente a la casa de la ex de quién sabe quien y le grito que la amo y quién sabe quien pone cara de borracho furioso y quién sabe quien me quiere golpear pero termina vomitando. Estoy cansado de esto, estoy agotado de no poder recomponer el paso y estarme quieto como la gente decente. John habla de García Márquez y le tiro el libro por la ventanilla; a mi que chingados me importa ese, John frena y por su amistad tengo que salir a recoger el estúpido libro del estúpido amor en los tiempos del cólera, y me acuerdo de G. Ca-ín, el autorretrato, las cosas pendientes. Y regreso y me da otra cerveza, pone a Delgadillo y le cambio a unas norteñas. Estamos frente a la casa de Yuni, me duelen las rodillas y no sé porque me viene a la cabeza otra vez G. Ca-ín: Libertad, cuántos tangos se comenten en tu nombre. Pero esta nostalgia de Yuni no llega ni a PENSAMIENTO de Estéreo Joya. Y ya había dicho que Yuni no sale. La calle es estrecha y de alguna parte se oye un grandioso y cascado: ya déjenme dormir pinches borrachos, yo soy el chile de esa vieja. Arde Troya bajo mi ridículo paladar y le suelto un siseante: ¡tu madre, pendejo! Se ríe ahogadamente y canta amorsito corazón y no vuelve a molestar. Y reniego de mi pueblo y de la calle, y de la pinche guitarra desafinada, y de mi poca y pobre voluntad, y de los ebrios que me acompañan, y de Daniel dormido en el asiento trasero, -¿y la moto? Y no sé- y grito: Yuuuuniii, y pero Yuni no aparece. Y meto la estúpida guitarra a la estúpida cajuela y en eso sale la abuela de Yuni, y regaña a todo mundo, y pero yo me quedo escondido tras la cajuela abierta. Eres un zacatón digo y me dicen pero tampoco me importa. Y mejor que no me vea.

Nadie se da cuenta cuando enciende ese interruptor. Estoy acostado dando vueltas, me acuerdo de los labios de Yuni, del lunar en los labios de Yuni, ese sabor dulzón de su lengua, los ojos entrecerrados. Yuni. Los pinches pájaros no me dejan dormir. Quiero levantarme e ir al trabajo que no tengo, desayunar hotcakes como ayer. Yuni. Escuchar a mis padres conversando, salir en la bici a ver a los niños boxeadores de la plaza. Yuni. O al gritón de la parada que se parece a Alonso Quijano. Yuni, nadie sabe cómo apagar ese interruptor. Y Alonso recita tontos poemas de amor. Yuni. En el micro por unos pesos. Yuni. Quiero volver a casa y sentarme en las escaleras de la entrada a acariciar a Galil. Pero estiro los dedos de los pies y las sábanas me molestan, tengo la boca amarga y estoy solo. Y no sé porque me acuerdo de Zita y ya ni la veo y de los días que andaba en el Espartaco y Yuni no salió y de la primera vez que la vi a la Yuni en su fiesta de quince años. Yo ya tenía veintiún años. Y Yuni no salió. Pero no pude dejar de amarla, bah, bla. Amarla a la Yuni la y no la salió la.

agosto 10, 2007

Sobre la mentira


Estaba leyendo a papi Chejov (si no se gusta de tal adjetivo posesivo lo siento mucho) y decía. “Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Pero seguramente papi era un tipo legal a toda regla, un inmortal. El asunto va a que soy bien mentiroso, así que adiós arte, al fin que ni quería. Pero usualmente siempre descubren mis mentiras. Digo esto porque leí por ahí que la mentira es un asunto de refinamiento social, la mentira, bien aplicada, es un asunto de personas astutas e inteligentes. Y yo soy un mal mentiroso. ¿Será? Pero la mentira me ha hecho pasar buenos ratos, eso sí. Ay la mentira.

Y bueno, una vez le dije a mi jefe del trabajo que era el tipo más atinado que había conocido en mi vida. Eso me hizo ganar una buena peda en el Pompeya con unas tías tremendas, de Europa oriental, con las tetas al aire. Ese hombre era un pendejo prepotente con complejo de guapo, como suelen ser todos los gerentes de una transnacional, al menos los que yo he conocido... la verdad es que es el único con el que me he topado. René, gracias por esa peda.

Cuando tenía algo así como veintitrés años anduve con dos chicas al mismo tiempo. Era cansado, pero la neta qué bien me la pasaba. Ese era asunto como de puzzle: los ojos, los besos, la charla de una, y las piernas, la piel y el olor de otra. Como que juntas hacían que todo fuera perfecto. Además eso de decirle Julia a las dos, y no sé por qué, siempre fue buen artilugio pa que no me descubrieran. Lo siento Yolis, la verdad si te quería. Y bueno Clau, también a ti. (Lo genial es que nadie lee este mugrero)

Miento con mi edad, y me miento en la báscula, jamás soy demasiado gordo, y le miento al espejo cuando me río. Digo a mis amigas que soy el tipo más serio y desinteresado del mundo, pero hay un par con el que me gustaría jugarme una serie de penales, y eso que no detesto el fútbol. Mentiras para no deprimirme, para salir de apuros, para ganar tiempo y dinero, interés. ¿Cómo me ven los otros? Esa franqueza me asusta, así que prefiero mentirme y pensar que soy bien querido y hasta admirado, aunque no haya ningún motivo. No puedo dejar de hacer cualquier cosa: comer, jugar, leer, salir a la calle, embriagarme, hablaryhablaryhablar. No puedo darme un momento de paz en el que mi mente se esté sosiega, porque si sucede ya no puedo mentirme y eso es desastroso. La realidad es apabullante, podría comenzar a darme de topes en la pared o de puñetazos como cuando era un chavito.

Y puede ser que hasta en todo esto sea un vil mentiroso, qué más da. Cómo siempre lo que quiero es que me lean, que me tomen en cuenta, que sepan que soy franco y por eso interesante, único (según) Pero nadie me lee. Así es, papi Chejov, el arte no soporta a la mentira… qué decirte. Yo no soy artista.

agosto 03, 2007

Nada más, como para no enfriar la mano.

Nada más, como para no enfriar la mano, me acuerdo del convite del martes. Yo bien ebrio besándome con una amiga de años y ella échame y échame para atrás, y yo, “diantre shic,ka, tú, que shomosh amigosh, shiempre vamosh a sher… amigosh”, un besito y otro besito. Y una charanda que sabía a llanta de avión después de dos gloriosas botellas de Jack Daniel’s, pero me la tomé. Y qué bien se puso el asunto con una bachita y luego luego con el cruce pues que me duermo. Así. Soñé que mi brazo izquierdo no quería hablarle a mi brazo derecho y yo ponía paz con un asunto medio salomónico de: o se quieren o las corto. Estúpido. Desperté sobre una colchoneta de aire desinflada y con el mantel de una mesa por cobija, con los ojos como dos semáforos fundidos; reseco y solo, no supe ni a qué hora fue la despedida. La cabeza me daba vueltas, con ganas de darle topes a los postes de luz, y me acordé de la charandita de llanta de avión. Bajaba el cerro y los edificios del centro eran lindos mosaiquitos grises bien lejos, lejos, allá abajo, el viento fresco, las señoras a la leche, los perros olisqueándose el culo en las esquinas.

Ya otro día le pregunté a un tipo que si no había hecho desmanes. “Fuiste el borracho más simpático y decente que haya visto en mi vida”. Puta, pensé, sí, bueno ¿soy simpático? cínico sí, impertinente sí, medio pendejo sí, a veces… ¿Simpático? Pinches lagunas mentales. Pero bueno, ahora que me rasco el ombligo y más o menos recuerdo lo que hice esa noche… pues. Llegó un tipo quesque con credenciales de maestría en Londres y yo eructándole mis tacos de suadero en la cara y risa que risa con su amiguita, ella se aguantaba las ganas de mandarme al diablo; lo hubiera hecho, pero el chico Londres ni se daba cuenta o a lo mejor no era su amiga. Luego me puse a bailar esa de “y yo que te deseo a morir” dándole de arrumacos a la amiga vieja y ella, pues nada, aguantándose. Ayer que la vi se encargó de hacerme burla dos horas seguidas, recordándome todo lo simpático y decente que fui, nada más para cobrarme la pena que le dio que anduviera de borracho con ella, eso pienso. Una escultora de esas que no se cansan de hablar de Durero y yo no sé quién chingados es ese compadre y ni me importa, aquel intelectual que me decía que el problema del arte dramático lo había resuelto Stanislavski, “camarada, yo no me meto con rojillos” y que me voy, pero me para “¿qué stanislavskiry no era rojillo? Pues por mi aunque fuera del yunque”, me fui. Al rato llega el john con una chica bien bonita, “que este es el tío del que te platiqué”, le dice y me señala, pues eso no me late, que le anden diciendo cosas a las gentes sobre uno, que ni la debe ni la teme y luego quieran que les recites versitos como si uno fuera gritón de parada, pos… la verdad no más le eché una leve mirada al escote, como que me persigné y me fui por otra charanda.

Pues que la fiesta estaba llena de teatreros, bien modosos y grandilocuentes estilo condechi, eso digo yo, que siendo pueblerino, escucho un goooei y me espanto de tanto, cómo se dice, tanto buen estilo postmoderno bien finolis. Pero por qué le hago al cuento, yo soy igual de pendejo a la hora de hablar. A todos nos gusta que nos vean y que nos escuchen, aunque sólo sean estupideces en un blog. Pero no sólo era el consabido Goei, también esas poses femeninas de meter el pie derecho del lado izquierdo como para no dejarse ver la vagina, como bailarina de valet, y pararse con el hombro de ladito, la mirada entrecerrada que dice “soy bien inteligente y buena onda, soy única”, las manos cruzadas y los dedos hacia arriba bien nice. Pero los teatreros se las gastan para eso. Aquellos tíos con los hombros grandotes y que pueden hacer un salto mortal en diez centímetros con todo y chela. La neta que envidia, sí, la neta. Todos risa que risa, bailoteando, desatados, con charlas bien ingeniosas. Y la verdad es que son muy buen pedo, a pesar de eso y todo, o a lo mejor nada más lo digo por que son la bandita de mi carnal de años. Pero seguro yo ando por ahí con geta de maleante o de guarro pero a la hora de enseñar el cobre soy una nena. Así es esto, todos vemos las pajas ajenas, y es que nos encanta el chisme.

Pues así y con todo y la cruda moral que ya dura una semana, pues como que ya necesito otra. A ver, a ver. Ya es viernes. A ver, a ver.

 
Elegant de BlogMundi